
Nació de la costumbre
y se dejó llevar, casi dormida, sobre el instinto de los años jóvenes.
Era el jardín donde arrojar futuros y cultivar recuerdos.
Dos décadas pasaron, y la muerte,
asesina de todos los que siguen con vida,
inyectó la tragedia por sus venas
hasta dejar en coma al pensamiento.
Se despertó con la primera risa,
después de que la ausencia le pusiera en la boca su pistola de olvido,
resucitó con el bostezo triste de los que duermen para sonreír,
de los que se sujetan a la vida
con las uñas postizas de la resignación.
Tuvo el dolor la angustia de los años bisiestos
y escondió sus heridas
bajo el tiempo inconsciente de las conversaciones.
Y fue feliz el gesto…
igual que la manzana en la boca de Eva.
Pero a veces la risa es el niño que escapa del amigo invisible,
el soñador que muestra, escondido en sus miedos,
la transparencia de la realidad.
Ella resiste junto a las cervezas,
en la contemplación de los años filiales
o en la abstracción fugaz del último poema.
Ella resiste poderosa y única
y se deja llevar, casi despierta, sobre el instinto de los años.
Como el humo que aleja los pecados del fuego
sobrevuela el incendio de los nombres.
Si la felicidad pudiera hablarnos,
respetuosamente, guardaría silencio.
Luis Oroz.


7 comentarios:
Impecable como siempre Luis, y con un final sencillamente rendondo. Todo un placer.
Un besote
Marian
Bellísimos versos, y coincido con Marian en la perfección de los versos finales.
Es un poema de los que dejan huella, para leerse muchas veces... y que canta al leerse en voz alta.
Un sincero aplauso.
Sole.
Hay formas hermosas de contar historias, poemas que se agarran a las venas, que te traspasan, que se quedan para siempre entre la piel. Eso pasa con tus poemas, Luis. “Después de que la ausencia le pusiera en la boca su pistola de olvido…” Y es que la felicidad cabe en estos pocos versos cuando los leo.
Un beso, Luis.
Sigo muy liada.
Gracias Marian, la felicidad es como una bufanda, te abriga, pero nunca lo suficiente como para quitarte el frío.
Un lujo tenerte, amiga.
Besos.
Luis Oroz.
Fabuloso poema, Luis. Es un placer leerte en tu propio blog.
Felicidades
Un abrazo
Ana
Mil gracias, Soledad, por tu paso y el descubrimiento posterior de tu poética.
Grata sorpresa, comprobar que la red está llena de hilos poéticos que nos sujetan a la vida.
Mi sincero abrazo.
Luis Oroz.
Muchas gracias, Luisa, la felicidad es también como los sueños; se aletarga, pero regresa al primer golpe de inconsciencia.
Lo que sucede es que somos demasiado pretenciosos, queremos ser felices las 24 horas del día.
Un beso y gracias por todo.
Luis Oroz.
Publicar un comentario en la entrada