
Conozco las arañas que a tus dedos volvieron a subir,
aquellas tejieron en tu nombre
un mosaico de luces
casi sombras.
Ellas conocen todos los secretos de la resurrección,
y se alimentan
de un húmedo latir descompasado.
Saben que llevas cielo en los bolsillos,
que guardas arco iris en los huecos
inmensos de tus lágrimas,
que te quedas a ciegas cuando miras
la ingrávida pereza de las horas.
Son arañas de aire, pero pesan
como una religión,
como un fragmento de aceradas nostalgias,
Y quieren asomarse a tu mirada,
a esa luz amarilla que desliza
sonrisas de mentira en los espejos.
Pregúntales por qué nos dibujaron una muerte irreal,
por qué cedieron su transparente piel de sueño virgen
a nuestros putos versos.
Por qué descuartizaron la esperanza que ardía en dos pupilas
inquietas como insectos.
Es posible que tengas hormigueros
en cada desmirada,
en cada consecuencia,
en cada pliegue angosto que estremece el ritmo de tus manos.
Es posible que tengas lo que tienen aquellos que olvidaron
de tanto que tuvieron.
Deja que se acomoden,
que se suban al cenit abismal de tu memoria,
se morirán de pena cuando encuentren sonrisas de verdad
en el lado importante del espejo.
Luis Oroz.